¿Existe un canon juvenil en Chile?
Problemas en el canon actual: Un debate abierto[1]

Is there a youth canon in Chile?
Problems in the current canon: An open debate

Camila Flores Rivera
Valdivia, Chile.
camila.almendrafloresrivera@gmail.com

 

Introducción

No es azarosa la necesidad de reflexionar teóricamente ante los diversos estudios que comprueban el alto consumo de bestsellers de sagas “juveniles” en Chile, provenientes principalmente de Estados Unidos y el mundo anglosajón. Me pregunto si estamos ante la presencia de nuevos formatos que desestabilizan el canon tradicional, puesto que gran parte de estos textos han sido llevados al cine y a la televisión en series de gran impacto mundial, y han generado acciones que difuminan la autoría: manifestaciones por internet que proponían finales de Harry Potter, o las teorías de Game Of Thrones y sus nuevas temporadas, Juegos del Hambre, Yo antes de ti, Bajo la misma estrella, entre otros, a través de nuevos formatos virtuales como los fanfics o blogs. La intención no es describir el conjunto de estos textos ya que al ser un fenómeno dinámico es difícil determinar un corpus, pero qué duda cabe que estamos ante un escenario donde mercado-juventud-lectura son una tríada a desentrañar, o al menos, es necesario aproximarse para ello. 

Estamos ante una comunidad lectora de jóvenes activa y globalizada y, si seguimos las ideas de José María Pozuelo de que “la definición misma de cultura reclama a la de canon como elenco de textos por los cuales una cultura se autopropone como espacio interno, con un orden limitado y delimitado frente al externo” (1998: 226); habría que preguntarse si existe un grupo que está formando el canon juvenil en tiempos neoliberales.

 

Globalización: ¿podemos hablar de juventud como sujeto?

Para discutir acerca de la posible existencia del canon juvenil, creemos que la juventud actual emerge como sujeto político-social que deviene en criticar los cánones hegemónicos. Cuestiono la visión esencialista de lo juvenil, pero comparto ideas como la de Hopenhayn: “esa visión de la juventud sin identidad propia también es falsa” (2015: 32). Además, en base a la discusión de Walter Mignolo en El canon literario (1998), acerca del canon normativo y su formación, el “canon juvenil”, en la era del internet, tiene características multiculturales que resignifican elementos de otras culturas transculturizándolas a un lenguaje globalizado y de masas.

Con el boom de compras que han sido los bestsellers catalogados como juveniles, no es sorpresa para la gran masa de lectores el fanatismo con el que se espera el siguiente libro de su saga favorita, las filas inmensas y las reservas que hacen para tenerlo. Un amigo cercano me dijo una vez que leyó el último libro de la gran saga de Harry Potter de J.K. Rowlling en idioma inglés, cuando estábamos en el colegio, su nivel del idioma aumentó considerablemente, pues no quiso esperar a que saliera la traducción en español. He seguido muy de cerca el fenómeno, pues pertenezco a la generación que leía arduamente Harry Potter, más tarde, con la misma sed literaria, se exploraba la saga de Tolkien, El Señor de los Anillos entre otros, pues se quería conocer la influencia de los mundos mágicos. ¿Cómo decir que esta generación no es lectora a partir del prejuicio? Después de ello volvió la pasión por los vampiros y hombres lobos, en la idea vintage[2] de la escritura, retomando elementos fantásticos y de mundos maravillosos, para hacer historias llenas de acción. Crepúsculo (2005) fue mi lectura obligada del colegio, de curiosa investigué a la escritora de amores Jane Austen y otros guiños de este bestseller a las tragedias románticas de Shakespeare, entonces ¿el libro se puede volver algo “negativo”?

Esta nueva juventud  merece investigarse: generación chilena a la que introdujeron Harry Potter y la Piedra Filosofal en el Ministerio de Educación, como también la generación de las revoluciones estudiantiles del 2006 y 2011, el primer movimiento político calificado como el más importante y masivo desde el retorno a democracia. Es esta generación que discute y propone en un mundo globalizado, la que cuestionó la educación de mercado y propuso la gratuidad, con valentía y creatividad en la movilización. A través de estas páginas comenzamos a develar la existencia de un canon juvenil en Chile. Este elenco de textos podría dialogar o ser fronterizo con el canon académico. Por otra parte, nos acercaremos a reflexiones acerca del concepto de canon y juventud, asumiendo este último como sujeto político social que vivencia la discriminación adultocéntrica. La juventud, es una categoría que ha mutado en el tiempo, por lo que se caracterizará en la actualidad del país.

La base teórica se sustenta en “la necesidad de afrontar el estudio diacrónico y transcultural de esa construcción que conocemos como juventud, con el objeto de escapar a planteamientos etnocéntricos y ahistóricos y así arribar a nuestro intento de comprender la condición juvenil en nuestros días” (González, Feixa 2013: 22). De este modo, caracterizar a la juventud chilena en los tiempos actuales, parece ser difícil en su comprensión homogénea, pero que pese a haber diferencias por clase, género, etnia y localidad, esta masa heterogénea hoy compra y/o descarga libros, asiste masivamente a marchas, tiene acceso a internet (en el celular, institución educativa, WIFI públicos, etc.) y ha sido comprendida entre la infancia y la vida adulta: “Paradójicamente, los “antiglobalizadores” son los primeros en utilizar medios de comunicación y formas de organización de nuevo tipo que se adaptan a la nueva era (se trata de lo que algunos autores han llamado web movements: movimientos telaraña)” (González, Feixa 2013:110). Estos movimientos a través de la realidad virtual, por medio de plataformas como Facebook, Instagram, Snapchat, entre otros, usadas por jóvenes principalmente, podrían ser puertas a la educación no formal.

No se puede caracterizar de modo singular la juventud, pero en la propuesta de González y Feixa (2013) desde 1990 que la Generación mal llamada X se ha propuesto denominar como Generación N (NET):

Unos años antes, el escritor Douglas Coupland había popularizado el término “Generación X” para referirse a una generación marcada por las incertidumbres y las paradojas de la sociedad posmoderna. Hay, sin embargo, otra característica que nos parece más reveladora: su acceso progresivo a las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, sobre todo su paso  a la red por definición: internet (110).

En ese contexto es que la cosmovisión de los y las nativas digitales ha sido con acceso a diversos instrumentos electrónicos y a la plataforma de internet, lo que les ha permitido tener mayor información y alcance a todo tipo de información. Ahora bien, sabemos que esta herramienta puede ser de doble filo, pues no todos los y las jóvenes tienen acceso a internet o instrumentos electrónicos para su uso, pero el número de excluidos sociales de estas plataformas virtuales es cada vez menor. Por otra parte, la falta de educación del uso de estas herramientas ha logrado expresiones peligrosas para menores de edad como el ciberbullying (ciberacoso) o el sexting (envío de contenidos de tipo sexual).

Desde la infancia que nacen socializándose con el celular (smartphones, iphones), recibiendo información desde contingencia política hasta pornografía al instante. Sin duda esta generación, a través de las nuevas tecnologías ha configurado una nueva visión del mundo, instantánea, diversa y veloz:

El resultado es un modelo híbrido y ambivalente de “adolescencia”, a caballo entre una creciente infantilización social, que se traduce en dependencia económica, falta de espacios de responsabilización y una creciente madurez intelectual, que se expresa en el acceso a las nuevas tecnologías de la comunicación, a la nuevas corrientes estéticas e ideológicas, etc. (González, Feixa 2013:111).

El gran problema es que los estudios cuantitativos de Chile tienden a homogeneizar a la juventud, por ejemplo, desde el punto de vista centralista, tenemos las siguientes afirmaciones de un estudio de la Universidad de Chile:

Junto a este estudio, quisiera destacar algunos resultados del proyecto de investigación patrocinado por el Observatorio del Libro y la Lectura y llevado a cabo durante 2013 por Alberto Mayol: “La lectura como práctica social: condiciones de fortalecimiento y debilitamiento de la lectura en Chile”. El proyecto tuvo como eje las condiciones de institucionalización de la lectura como práctica cultural. En ese marco, se examinaron parques, recorridos de Transantiago, líneas de Metro, salas de espera de casas comerciales, servicios de salud y bancos, bibliotecas, centros comerciales, recorridos de Metrotrén y de buses interurbanos, paraderos, museos, cafeterías y librerías[3].

Santiago no es Chile. Se torna una necesidad, por lo tanto, descubrir la diversidad de la juventud actual en nuestro país desde estudios interseccionales (género, clase, etnia, localidad, edad), que apunten a indagar en las necesidades y anhelos culturales de la generación, desde sus propios lenguajes y formatos. Pues, una de las mayores luchas que han tenido los movimientos estudiantiles, secundarios y universitarios, ha sido la democratización de sus instituciones para tener incidencia y opinión en procesos, esta es participativa, pero en la dispersión de las redes virtuales y sus múltiples plataformas. Es en este contexto donde los y las jóvenes han participado masivamente en aplicaciones de internet como Blogspot, Tumblr, YouTube, Vimeo, Spotify, Netflix (la lista  es inacabable),  donde de manera gratuita acceden a imágenes, lecturas, documentales, películas, cortometrajes y opiniones de un amplio universo de temáticas multiculturales.

Si el canon es un elenco de textos autopropuestos por una cultura, que es cambiante según la historia y que consta de un sujeto ideológico como se propone en el libro El canon literario (1998) por todos los autores compilados, podríamos proponer a la juventud actual, al menos la chilena, como formadora de un canon propio, que desestabilizaría al canon tradicional. Walter Mignolo, discute  acerca del canon normativo  y la formación del canon, solo que este otorga una propuesta multicultural, en razón de los discursos colonizadores y eurocentristas. Pese a que la mayoría de las lecturas de los y las jóvenes en Chile son los bestsellers anglosajones, estos hoy en día han sido inspiración para muchos escritores emergentes que proponen desde la ciencia ficción o los mundos fantásticos, terrenos literarios nuevos y transculturados, incorporando elementos de la propia cultura latinoamericana, así como de otras culturas mediante el internet. El fenómeno de los sitios de internet y las editoriales independientes que socializan escritos de jóvenes a través de revistas virtuales o con un costo menor, aunque en el caso de la editorial es menor su difusión. Llama la atención los finales alternativos a sus sagas favoritas, con los cuales ha logrado que la escritura juvenil esté con una apertura mucho mayor al mundo.

“A nivel de las fronteras culturales, un canon debería considerarse como relativo a la comunidad y no como una relación jerárquica respecto a un canon fundamental, ni tampoco dentro de un modelo evolutivo en el que los ejemplos canónicos se convierten en el paraíso al que aspiran las literaturas y en medida de la organización jerárquica” (Mignolo, 1998: 245,246). Muchos autores afirman que hoy en día la juventud se ha apartado de las lecturas canónicas: “Para ellos, la lectura debe darles referentes de sentido, debe operar sobre la base de la motivación y no de la obligación, debe darse en el marco de una comunicación con la obra en que los y las jóvenes dialogan imaginariamente. La lectura canónica, obligada, fechada, restringida a pocas alternativas en un mundo que compite con toda la anchura de oferta estética de la posmodernidad, marcha hacia la desmotivación de los jóvenes. Más aún, si la lectura se inscribe en la lógica de la moratoria, serán muy pocos los jóvenes que extraigan de ella el goce que esperan para convertirse en lectores para toda la vida.” (Hopenhayn, 2015: 34). Comparto con posturas como la anterior, y más aún, pese a que las y los estudiantes se muestran reacios a la lectura dirigida, el alto consumo de caracteres y lecturas breves en formatos de artículos o cuentos, está cada vez más vigente en el mundo virtual. Por otra parte, con la fuerza de la industria cinematográfica, muchos jóvenes se acercan a lecturas de libros en la búsqueda de nuevos significados en las películas que les gustaron o viceversa. La visión pesimista de la juventud ha sido fuente de investigación de muchos autores[4], respecto a la juventud y lectura, por ejemplo:

La lectura juvenil de hoy está marcada por las sagas, el gran producto editorial que ofrece suspenso y sorpresa continuos. La mayoría de las sagas exitosas son lineales, es decir, carecen de digresiones. Solo narran acción. En defensa de ellas, se da el hecho de que son leídas por gusto y placer. Lo que nuestra sociedad ha logrado, con su afán de capacitación y pedagogía, es restar esta cualidad a todo el resto de la literatura, que debe estudiarse y ser examinable, que debe tener un rendimiento, un uso y una calificación. (Lopez Giral, 2015: 69)

Lo anterior, es un grave error, pues las sagas contienen importantes raccontos y alteraciones del tiempo. Basta el ejemplo de Canción de Hielo y Fuego (1996-actualidad), la exitosa saga de George Martin, que cuenta con la adaptación de la serie más vista en la historia Game of Thrones por el canal HBO y que una parte importante de su historia es justamente las reminiscencias a antiguas historias que construyen el presente literario, además de las inspiraciones de la monarquía, historia del medioevo y escritores de mundos maravillosos. Considero desde mi juicio, que muchas de las afirmaciones teóricas están construidas desde el prejuicio adultocéntrico, de menospreciar el sujeto político de la juventud como una masa incapaz de tener pensamiento crítico:

¿Son entonces justamente célebres estas obras? ¿Deberían ser incluidas por ello en un futuro canon? Como dicen en España: ni tanto ni tan calvo. Sin ánimo de resolver el debate en pocas líneas, pero tampoco de claudicar ante el cliché de que lo popular es obligatoriamente malo o bueno, cabría plantearse obra a obra –algo imposible aquí– hasta qué punto el triunfo actual del género juvenil está relacionado con su calidad: la obra que quizá sea mejor y más exigente en términos objetivos. La materia oscura, de Pullman, es sin duda la menos afectada por el fenómeno fan y la menos aceptada por la crítica; la saga Crepúsculo, de Meyer, tal vez sea, pese a la fiebre distópica post Collins, e incluyendo su fan-fiction Cincuenta sombras de Grey, la que mayor influencia cuantitativa ha tenido en la creación de nuevas obras. ¿Nos dice eso algo sobre el valor literario de unas y otras? ¿Estamos en disposición de saber si alguna de estas novelas o series trascenderán su época? Con su permiso, dejaremos por ahora abierta esta interrogante. (Ruiz Garzón, 2015: 53)

Este canon juvenil, que intentaría disputar en la institucionalidad a través de sus propias tácticas virtuales, también tendría fuerte influencia en comunidades lectoras organizadas que superan los rangos de lo que dentro del imaginario social comprendemos por juventud, por lo que este canon, superaría la barrera meramente etárea, planteándose como un corpus de textos que merecen ser leídos, bajo múltiples criterios, porque hasta ahora no se les ha dado voz a esta generación para preguntarles porqué leen aquellos textos en Chile. Nos encontramos en un estadio de crítica sin un aterrizaje a la realidad para comprender las nuevas visiones acerca de la literatura de este público lector, activo y conformado.

Otros autores como María Osorio (2015) proponen acabar con el término de “literatura juvenil”, debido a que “colaboraron con padres, bibliotecarios y maestros en su guía a través de un mundo que creció rápida y exponencialmente, abrumándolos a todos. Lograron parcelar y delimitar los espacios de la literatura y ofrecieron señales claras, demasiado, para su uso, limitando no solo contenidos deseables sino formatos, tamaños de tipografías, cantidad de ilustraciones. Ya sería hora, digo yo, de desprendernos de su tiranía.” (75). Entonces habría que precisar la distinción entre literatura juvenil y juventud: el canon juvenil puede tener un conjunto de textos donde no necesariamente todos sean etiquetados como “literatura juvenil”, por ejemplo, la saga para todo público, Milennium del sueco Stieg Larsson, que comienza con el libro Los hombres que no amaban a las mujeres  (2005) y que ha sido conocido tanto por su éxito de ventas como su adaptación en el cine.

Los hábitos lectores se desarrollarán en la medida que las generaciones más anquilosadas en la tradición y el discurso de la “literatura de calidad”, ceda y puedan estos actores generar puentes de diálogo entre los nuevos lectores jóvenes (y escritores), a fin de realizar una retroalimentación y sumar perspectivas, aumentando la literatura personal, amplificando el canon juvenil.

Una de las reflexiones fundamentales para seguir investigando en torno a este fenómeno, es la cantidad de interrogantes ante el boom de la “literatura para adolescentes”. ¿Nos cuestionamos el concepto de adolescencia? Existiendo o no un género para la juventud, lo cual está en discusión, es urgente investigarlo sin prejuicios en sus múltiples aspectos que le han dado éxito: adaptación de libros al cine y series de televisión, nuevas tecnologías, comunidades de fans y por otra parte, otros aspectos de crítica literaria no nombrados en este trabajo como estructuras literarias o cuestiones de estética. Ruiz Garzón (2015) ha planteado sobre este boom:

Hay luces y sombras en su desarrollo, pero que en su base y su legado final hay literatura, incluso buena literatura, incluso gran literatura. Y hay lectores y lectoras. Jóvenes. Recordemos a Gaudí: volvamos al origen, seamos originales. Leer es siempre releer, aunque sea en video y de forma herética. Aunque sea mediante éxitos internacionales. Pero hay que empezar alguna vez, y este boom ha multiplicado las posibilidades de hacerlo. Vienen tiempos de cambio y los adolescentes son expertos en ello. Démosles voz, no huyamos si la toman y leamos el mundo con ellos, junto a ellos, entre líneas si hace falta. Recordemos a Foix y exaltemos lo nuevo, pero siempre enamorados de lo viejo. Es nuestro papel, y nunca mejor dicho en la era digital. (2015: 58).

En conclusión, uno de los desafíos que tenemos por delante es lo que afirma Néstor García Canclini (2015), que es, a su vez, el singular desafío de las ciencias sociales en la actualidad: trabajar con personas, procesos y grupos que han cambiado. El siglo XX formó acuerdos sobre términos como la sociedad, clase social y naciones. En este tiempo, la familia, la escuela, los medios de comunicación, son términos indefinidos y cuestionables en comparación al siglo anterior. De este modo las teorías de su momento pudieron discutir acerca de lo qué es ser joven y el sentido del hábito de leer como recurso vital para el acceso a la cultura (17).

Lo cierto, es que la juventud es una cultura dinámica, incluso de una generación a la siguiente. Nuestro desafío es conocer el ser joven como un grupo que está planteando nuevos formatos de literatura, tópicos transculturados,  acercamiento a la lectura transgeneracional, junto a una visión más comunitaria de la lectura, donde la autoría se difumina, democratizando el proceso escritural a través del internet, ya que allí se opina, debate y co-construye. La propiedad intelectual, ya no cobra el mismo sentido y carga valórica, debido a que muchos de los textos leídos están a libre disposición en páginas web y, a veces, hasta de forma anónima. Se puede tener acceso a estas lecturas en los instrumentos electrónicos (tablets, libros electrónicos, celulares, notebook, etc.). El aprendizaje colectivo a través del internet, ha permitido no sólo intercambiar literatura entre chilenos y chilenas, sino conocer en todo el mundo escritos que se comparten, desmontando el formato objeto-libro e incluso combinándolo con otros formatos como la fotografía, el diseño y lo audiovisual.

Las comunidades lectoras o Reading groups, a través de internet y los distintos foros, han permitido democratizar también la crítica literaria, fomentando el pensamiento crítico de las y los cibernautas que participan. Un desafío pedagógico sería acercar a más jóvenes a estas comunidades lectoras, de modo que también adquieran herramientas y orientación desde la enseñanza formal y la navegación virtual en sus tiempos personales de ocio. Así no se mantendría una división entre la lectura de entretención y la forzosa lectura escolar.

 

Bibliografía

-          García Canclini, Néstor. 2015. “Innovaciones en los estudios sobre los jóvenes y la lectura”. Actas del II Seminario Internacional ¿Qué leer? ¿Cómo leer? Lecturas de Juventud. Santiago: © Ministerio de Educación, República de Chile. Pp. 17-28. Disponible en: http://plandelectura.gob.cl/recursos/actas-del-seminario-que-leer-como-leer-lecturas-de-juventud/

-          González, Yanko. Feixa, Carles. 2013. La construcción histórica de la juventud en América Latina. Santiago: Editorial Cuarto Propio

-          Hopenhayn, Martin. 2015. “Juventudes”. Actas del II Seminario Internacional ¿Qué leer? ¿Cómo leer? Lecturas de Juventud. Santiago: © Ministerio de Educación, República de Chile. Pp. 31-34. Disponible en: http://plandelectura.gob.cl/recursos/actas-del-seminario-que-leer-como-leer-lecturas-de-juventud/

-          López Giral, Rafael. 2015. “Los límites de la disciplina y la virtud del asombro”. Actas del II Seminario Internacional ¿Qué leer? ¿Cómo leer? Lecturas de Juventud. Santiago: © Ministerio de Educación, República de Chile. Pp. 69-72. Disponible en: http://plandelectura.gob.cl/recursos/actas-del-seminario-que-leer-como-leer-lecturas-de-juventud/

-          Osorio, María. 2015. “Por una literatura sin etiquetas”. Actas del II Seminario Internacional ¿Qué leer? ¿Cómo leer? Lecturas de Juventud. Santiago: © Ministerio de Educación, República de Chile. Pp. 75-77. Disponible en: http://plandelectura.gob.cl/recursos/actas-del-seminario-que-leer-como-leer-lecturas-de-juventud/

-          Padilla, Carolina. 2015. “Aproximaciones teóricas entorno al debate de la literatura en la escuela”. Sophia n° 11. pp. 115-127.

-          Ruiz Garzón, Ricard. 2015. “Literatura y marketing en los grandes éxitos juveniles internacionales”. Actas del II Seminario Internacional ¿Qué leer? ¿Cómo leer? Lecturas de Juventud. Santiago: © Ministerio de Educación, República de Chile. Pp. 51-58. Disponible en: http://plandelectura.gob.cl/recursos/actas-del-seminario-que-leer-como-leer-lecturas-de-juventud/

-          Sullà, Enric (comp.). 1998. El canon literario. Madrid: Arco/Libros.



[1] Parte de este trabajo fue leído como ponencia en el XX Congreso Internacional de la Sociedad Chilena de Estudios Literarios (SOCHEL). Diálogos y diferencias: la literatura en Chile y su lugar en el mundo. Octubre de 2016, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile.

[2] Tendencia a retomar elementos del pasado para convertirlos en moda y tendencias en el mercado.

[3]Disponible en: http://www.uchile.cl/portal/extension-y-cultura/vicerrectoria-de-extension-y-comunicaciones/observatorio-del-libro-y-la-lectura/100494/la-lectura-como-practica-social

Al respecto Faridé Zerán sobre esta investigación afirma (2015): Es que acaso no leen nuestros jóvenes o cabe preguntarse si realmente no leen lo que el mundo escolar les impone ni en los formatos que se conocen como “objeto libro” ni del modo que conocemos tradicionalmente como lectura. Será que realmente estamos, como generaciones anteriores, negando la versatilidad y evolución que ha tenido la lectura. Con esto el Observatorio del Libro y la Lectura y las investigaciones que se han apoyado desde la Universidad de Chile no buscan negar las mediciones, bien logradas por diversas entidades, ni la deficiencia en los niveles de comprensión lectora y diversidad de libros que son leídos en el país. La situación del libro en Chile es compleja y deficiente, pero creemos que es relevante detenerse en considerar al sujeto lector y particularmente a los jóvenes que parecen moverse, más allá de la situación nacional, en una tendencia mundial que ha transformado el concepto de literatura juvenil y el formato libro (38).

 

[4] Al respecto: Caron toma las ideas de Petit, pero considerando que el conflicto y la pérdida son consecuencias de la sociedad mediática y de consumo: “Ya que de algún modo –salvando las diferencias cualitativas- están aislados (…) de sí mismos, es decir, programados desde afuera y ajenos a su subjetividad.” (2012: 48). Así, para Caron, los jóvenes son “Víctimas de una suerte de inmersión manipulada que tiende a deshumanizarlos, ya que ellos, al estar inmersos como protagonistas fundamentales del sistema consumista, solos, por sí mismos, no pueden verlo.” En este sentido, la lectura literaria y los discursos de filósofos, antropólogos, etc., “pueden ayudar (…) a los jóvenes, a los padres y a nosotros, sus educadores formales, a correr el velo hipnótico de los medios.” (2012: 20).

 





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