‘El destino de la poesía es enamorarse del mundo, a pesar de la historia’. La imaginería de la abundancia en el poema
 “The Bounty” de Derek Walcott [1]

‘The fate of poetry is to fall in love with the world , in spite of History’.
The abundance imagery in “The Bounty” poem by Derek Walcott.

Jeannette Müller
Valdivia, Chile.

jeannettemuller@uach.cl

 

Resumen: La poesía de Derek Walcott logra la representación mixturada del territorio desde donde se la escribe, su Caribe natal. Su significación de abundancia se alude como sinónimo de riqueza para el conquistador y colonizador a la vez que saturado de memoria para el esclavizado y sometido, o sea, un lugar de naturaleza exuberante y bella contrastado con el peso de su historia. Este trabajo se basa en el análisis parcial de The Bounty de Walcott con el propósito de evidenciar la propuesta estética contenida en su obra en la que las contradicciones del sujeto lírico demarcan a un sujeto colonial subvertido y amalgamado en la naturaleza, el territorio y la memoria. Para esto se consideran estudios postcoloniales de Rajeev Patke, Elízabeth Deloughrey y ensayos del propio Walcott.

Palabras claves: naturaleza – abundancia – colonialismo – Walcott – voz lírica – territorio caribeño - memoria

Abstract: Derek Walcott’s poetry achieves the mixed representation of the described territory where it has been carried out. His homeland the Caribbean in which the bounty is a synonym of richness for the conqueror and colonizer is, as well, swamped with memory for the conquered and oppressed one; it is an exuberant and wonderful place contrasted with the heaviness of its history. The present work deals with a partial analysis of The Bounty. Its aim is to show the aesthetic proposal within his poetry in which the lyric subject’s contradictions frame a subverted colonial subject, fused into their nature, territory and memory. Concerning this, I have taken into consideration Rajeev Patke and Elízabeth Deloughry’s postcolonial studies and Derek Walcott’s essays.

Key words: nature – bounty – colonialism – Walcott – poetic voice – Caribbean territory - memory

 

 

As poor Tom fed his last crust to trembling birds,

as by reeds and cold pools John Clare blest these thin musicians,

let the ants teach me again with the long lines of words,

my business and duty, the lesson you taught your sons,

to write of the light’s bounty on familiar things

that stand on the verge of translating themselves into news…

Derek Walcott

_MG_1417 Derek Walcott, laureado escritor con el Premio Nobel en el año 1992, estudió francés, latín y español en el Colegio Universitario de las Indias Occidentales, en Kingston, Jamaica; es poeta, dramaturgo y artista visual que nació en el pueblo de Castries en la isla de Santa Lucía en enero de 1930. Su padre fue un pintor británico que murió cuando Walcott era niño; de su madre heredó el amor por la poesía, una profesora nacida en la isla holandesa de St. Marteen. A los 23 años fundó en Trinidad y Tobago el Taller Trinitario de Teatro en el que produjo sus primeras puestas en escena.  En 1953 ejerció como profesor en varias islas del contorno, salvo un año que estuvo en Nueva York estudiando Teatro, y en 1959 creó el Trinidad Theatre Workshop. Fue profesor en la Universidad de Harvard y más tarde, en la de Boston; ejerció como profesor de Literatura y Composición, fundando en esa universidad el Playwright Theatre de Boston. En el año 2007 dejó esta universidad para trabajar como profesor de poesía en la Universidad de Alberta en Canadá. Sus obras tratan de la experiencia en el Caribe y sobre las implicancias socio-políticas y epistemológicas del colonialismo bajo las formas de fábula, alegoría, folklor y moralidad[2].  En la actualidad se encuentra jubilado y reside en Castries.

En este trabajo me referiré de manera general al libro The Bounty (La Abundancia), publicado en 1997; sin embargo, el centro de atención en esta discusión será el poema “The Bounty”, poema inicial del libro y que da título al volumen completo. Precisamente, The Bounty se asocia con “HMAV Bounty”, nombre del velero capitaneado por un inglés llamado William Bligh. El “Bounty” de la Marina Real de Gran Bretaña llegó a Tahiti en 1788 con el objeto de buscar plantas del árbol del pan cuyo fruto era un alimento importante para los polinesios y con el que serían alimentadas las personas en el Caribe para contrarrestar las constantes hambrunas sufridas en esas colonias británicas. El barco trasladaba, además, esclavos como era usual en aquel tiempo. Para entonces, el Caribe y áreas adyacentes eran un centro productor y exportador de caña de azúcar y cacao, territorios bajo la dominación inglesa, francesa, española, portuguesa y neerlandesa con cautivos transportados desde África. La conexión del barco con el título del libro establece un vínculo con la historia del famoso motín que ocurrió en el año 1789 tras el largo viaje de Bligh y que sincretiza los innumerables desplazamientos en esa zona atiborrados de prisioneros, zozobra y muerte.

El árbol del pan (Artocarpus altilis) es un símbolo vital asociado a la esclavitud sufrida en esos parajes por los africanos y sus descendientes; al mencionarlo, tanto en los primeros versos como a lo largo de su obra, Walcott lo emplea con distintas acepciones según el lenguaje hablado en cada región de la geografía caribeña: ‘breadfruit’, ‘bois-pain’, ‘tree of bread’, ‘slave food’. Para Elaine Savory, la constante referencia de la flora en las obras de Walcott es una manera de construir representación poética de lo humano en el Caribe:

Nombres de plantas que son sonoros, como ‘frangipani’ o ‘ginger lily’, son a menudo la clave de Walcott para realzar sus patrones de sonido, esa música lírica en sus versos […] Los nombres de la diversidad de vida vegetal convocan a la diversidad de vida humana, pero su variedad en el Caribe es a menudo debido a la intervención imperial británica para transportar plantas desde el Pacífico a ese territorio, y sus nombres por eso invocan una historia que vio a todas las islas del Caribe recibir el “mejoramiento” imperial, a pesar de los distintos nombres que una misma planta dentro de la región adquirió. (De Loughrey, 2011: 90, trad. mía)

El Caribe, sin tener cómo oponerse, fue sometido por la fuerza de un conjunto de técnicas europeas y a un deseo sagaz de dominación. Como indica Patke,

[en un] período de tres décadas desde la llegada de Colón al ‘Nuevo Mundo’, el hambre de oro y conquista del europeo, combinado con una increíble brutalidad, diezmaron los pueblos indígenas del Caribe: los Ciboney (Cuba y Las Bahamas), los Arawak (las Antillas Mayores) y los Caribes (las Antillas Menores y el adyacente continente). […] Tzvetan Todorov considera que de los 80 millones de habitantes en América en el año 1500, quedan solo diez a mediados del siglo XVI.  (2006: 81)[3]

En esta ocasión me centraré en el poema “The Bounty” que es el poema inicial del libro homónimo. “The Bounty” está dedicado a su madre, forma parte de la primera sección del libro, el que contiene una segunda parte conformada por 37 poemas. En el libro hallamos una mixtura vasta de alusiones a parajes y personas, mezcla de idiomas, términos diversos del inglés y creole caribeño. Resalta su lenguaje que es tanto elegíaco como venturoso y se mezclan los distintos registros fundiéndose a veces en significaciones opuestas pero siempre conexas. El autor nos concita desde sus primeras líneas no solo a disfrutar de la belleza lírica de su obra, con una métrica, lenguaje y ritmo desbordantes, sino también a reflexionar sobre situaciones que han determinado al Caribe a lo largo de su historia, permitiéndonos entrever las contradicciones lingüísticas, medioambientales, históricas y culturales de este extenso territorio. La poesía de Walcott adquiere la forma mixturada del territorio desde donde se la escribe y al que alude. Su significación de abundancia como sinónimo de riqueza para el conquistador y colonizador a la vez que saturado de memoria trágica para el esclavizado y colonizado, se irradia por la totalidad de su poemario. Su poesía muestra un lugar de naturaleza exuberante y bella —que diverge de esa imagen de postal percibida por el turista— con un lenguaje enriquecido por las diferentes culturas ahí asentadas en oposición al purismo metropolitano. Es una voz regocijada en lo cotidiano y familiar, a la vez que elegíaca al sobrellevar la muerte de su madre, tema que, como se indicó, aparece en el poema “The Bounty”.

El propio poeta describe este Caribe en su ensayo “Las Antillas: fragmentos de una memoria épica”.

Las nuestras no son ciudades convencionales, pero nadie quiere que lo sean. Dictan sus singulares proporciones, sus propias definiciones en lugares particulares y con una prosa equivalente a la de sus detractores, de modo que ahora no solo existe St. James, sino también las calles y los patios que Naipul conmemora, sus calles cortas y brillantes como sus frases; no solo existe el ruido y el empuje de Tanapuna, sino también los orígenes de Beyond a Boundary de C. L. R. James, así como la aldea de Felicity en el Caroni Plain, y el Selvon Country. Igual sucede islas arriba: la antigua Dominica de Jean Rhys sigue siendo la misma que ella describió; también la Martinica del primer Césaire; y la Guadalupe de Perse, aun sin los cascos de médula y sin los mulos. Qué delicioso privilegio fue ver cómo una literatura –una misma literatura en varios idiomas imperiales: francés, inglés, español – brotó y floreció isla tras isla, en la alborada de una cultura, ni tímida ni derivativa, como los duros y blancos pétalos de frangipani. Todo esto no es una presunción beligerante, sino una simple celebración de lo inevitable, porque ese florecimiento tenía que ocurrir.[4]

En el poema “The Bounty”, Walcott convoca a variados personajes de la tradición de occidente: Isaías, Ovidio, Dante, John Clare e incluso al personaje Tom de Shakespeare; esta ‘abundancia’ de ejemplos metropolitanos son el símbolo de dominio de la religión, del lenguaje y de las literaturas canónicas incrustadas en su voz poética. Walcott escribe buscando esa mentalidad originaria en la cotidianidad de la vida: “…to write of the light’s bounty on familiar things…”[5] (1997: 16), como una forma de construir una identidad a través de una historia y geografía moldeadas por esas ‘abundancias’, pero también por sucesos dolorosos cuya memoria conforma la diversa y rica cultura caribeña actual, es decir, su ‘abundancia’ desbordante.

Los personajes Tom y Clare, aludidos reiteradamente en “The Bounty”, convocan a pensar entonces una serie de posibilidades que Derek Walcott forja como conexión y contraste para mostrarnos ese Caribe mixto tanto en su naturaleza ambiental como cultural:

“…the bliss of John Clare,

torn, wandering Tom, stoat-stroker in his county

of reeds and stalk-crickets, fiddling the dank air,

lacing his boots with vines, steering glazed beetles

with the tenderest prods, knight of the cockchafer,

wrapped in the mists of shires, their snail-horned steeples

palms opening to the cupped pool – but his soul safer

than ours, though iron streams fetter his ankles.”[6] (Walcott, 1997: 3)             

En los versos previos, la imaginación poética de Walcott construye un escenario capaz de combinar y aunar los elementos propios de la literatura central inglesa con escritores como William Shakespeare (a través de la figura de Edgar o Tom) y John Clare para describir la cercanía que ellos tienen con los temas de la naturaleza a la vez que con la locura. Por un lado, John Clare  (1793 – 1864) es catalogado como el más importante poeta inglés de la clase obrera que escribió sobre la naturaleza, la niñez rural y la enajenación en el siglo XIX; este ‘poeta campesino de Northamptonshire’, contrario a la revolución industrial y al creciente uso de la gramática inglesa y ortografía estandarizadas, en su poesía y prosa escribe en el dialecto de Northamptonshire introduciendo palabras locales diferentes a las del canon literario y usando formas poéticas tales como el soneto y copla rimada; su poesía tardía se tornó más meditativa y con formas similares a las canciones folklóricas y baladas de su juventud. Desde 1837 comienza a tener problemas con la realidad y es internado intermitentemente en asilos para enfermos mentales hasta que queda finalmente recluido hasta su muerte.

Por otro lado, ‘el loco Tom’ o Edgar, tomado de la literatura más canónicamente representativa de Inglaterra, la obra El Rey Lear, fue recogido por William Shakespeare del nombre que recibían los vagabundos y enfermos mentales, enfermedad muchas veces adoptada como disfraz para mendigar. Este personaje lo hallamos en el poema anónimo ‘Tom O’Bedlam’ de comienzos del siglo XVII y cuyo personaje representaba a la gente insana de un asilo llamado Bethlem Royal Hospital de la temprana Bretaña moderna. Tom es entonces la identidad falsa que Edgar adquiere como estrategia para no ser encontrado por quienes desean culparlo por la traición que su medio hermano orquestó hacia su propio padre. Oculto bajo este personaje de loco y mendigo, puede desplazarse sin ser visto, logrando así salvarse de la muerte.

Ambos personajes se insertan en la lírica de “La Abundancia” para resaltar la riqueza lingüística con delicadeza, ritmo y significación “but his soul safer / than ours, though iron streams fetter his ankles”[7] (Walcott, 1997: 3). El poeta fusiona una realidad de la historia local, la esclavitud en el Caribe, figurada por los grilletes, con la condición de Edgar (Tom) y el escritor Clare “the bliss of John Clare”[8] (1997:3) como hombres privados de su libertad; sin embargo, no es este un impedimento para contemplar y disfrutar de la abundancia de lo cotidiano y sencillo en los escarabajos, pájaros y caracoles: “As poor Tom fed his last crust to trembling birds, / as by reeds and cold pools John Clare blest these thin musicians, / let the ants teach me again with the long lines of words…”[9] (1997: 15). En efecto, la conexión de los personajes con la naturaleza, como Tom alimentando pajaritos, o Clare alabándolos como músicos, impulsa a Walcott a observar estos hechos como fuente de abundancia y modelo de sus versos en la figura de las hormigas. Paralelamente, la locura y reclusión de Tom y Clare es entendida y asimilada por el poeta como una tristeza profunda con la que da respuesta y alivio a su propia congoja por la muerte de su madre

 

“There on the beach, in the desert, lies the dark well

where the rose of my life was lowered, near the shaken plants,

near a pool of fresh tears, tolled by the golden bell […]

as I watch these lines grow and the art of poetry harden me

into sorrow as measured as this, to draw the veiled figure

of Mamma entering the standard elegiac.

No, there is grief, there will always be, but it must not madden,

Like Clare who wept for a beetle’s loss, for the weight

of the world in a bead of dew on clematis or vetch,

and the fire in these tider-dry lines of this poem I hate…[10] (1997: 5)

 

El hablante se halla entonces en una encrucijada al tener que decidir hacer un poema elegíaco u optar por una alegoría de la abundancia para Alix, su madre. Decide seguir el camino del personaje Tom para quien su insanidad mental no es más que un disfraz con el que sortea las dificultades de los malogrados acontecimientos; es la determinación y resiliencia para superar la amargura de perder a un ser amado “I am moved like you, mad Tom, by a line of ants; / I behold their industry and they are like giants.”[11] (1997: 4). Muy al contrario de Clare, quien se queda suspendido en los lamentos, tristeza y dolor que lo enloquecen, dejándolo cautivo “so, John Clare, forgive me.”[12] (1997:5)

En otras palabras, una analogía más en la poesía de Walcott que está conformada por la abundancia de luz en lo cotidiano, es lo que el escritor elige hacer con su poesía, rendir tributo a su madre con las enseñanzas que ella le dio por medio de la religión y el lenguaje “In la sua volontà è nostra pace,” (1997: 4, en italiano y en itálica en el original), aunque disculpándose por no seguir los preceptos cristianos que devienen contradicciones y dominación, “Can you read this / Mamma, or hear it? If I took the pulpit, lay-preacher / like tender Clare, like poor Tom, so that look, Miss! / the ants come to you like children, their beloved teacher / Alix…”[13] (1997; 9). De modo que cuestiona la vida eterna preguntándole a su madre si es capaz de leer o escuchar los versos que él le dedica. El poeta no puede aceptar una religión ensombrecida por la colonización, por un Capitán Bligh que se cree dios y es traicionado en un motín por sus propios tripulantes ‘cristianos’, así como es Jesús traicionado también por llevar el peso del mundo en su espalda (cf. 1997: 8, 9).

John Clare y Tom, como personajes que deambulan en los versos de Walcott, son a su vez parte del escenario de abundancia de la naturaleza caribeña; están amalgamados en las rocas, en el mar, en su flora y fauna, en las iglesias heredadas de sus conquistadores, en las enseñanzas que recibió de su madre: el lenguaje y los cantos religiosos y que son, todos ellos, los mismos con los que nutre su voz. De esta forma los personajes son reconfigurados, no solo como entidades que lo guían a lo largo de su creación poética sino que también son símbolo de la larga ruta de dolor que esclavos y trabajadores de esas islas sortearon para conformar la cultura antillana de hoy. Son sujetos convertidos en una alegoría de la sobrevivencia; a través de Edgar se reconoce a seres que se reinventan ante la adversidad, moldean la realidad y se disfrazan para salir victoriosos; sobrevivir como loco Tom en el Rey Lear es un acto de resiliencia, la ‘victoria del espíritu’. Efectivamente, esta es la conversión del antillano a la que alude el propio Walcott en su ensayo “La musa de la historia” en el que expresa:

Santa Úrsula o Saint Urzulie –el panteón católico se adaptó sin mayor resistencia al panteísmo africano. Los misterios católicos se adaptaron sin mayor resistencia al chamanismo africano. Pero no todos aceptaron al Dios del hombre blanco. Como preámbulo a la revolución haitiana, Boukman invocaba a Damballa en el Bois Cayman. Sacrificios de sangre, iniciaciones guerreras, torturas, fugas, revueltas, incluso la desesperación de los esclavos que perdieron la razón y comían tierra, éstos son los hechos históricos, pero lo que finalmente resulta importante es que la raza o las tribus fueron convertidas, se hicieron cristianas. Sin embargo, ninguna raza es convertida contra su voluntad. El amo del esclavo se encontraba ahora ante una imponente maleabilidad. El esclavo se convertía a sí mismo, cambiaba de armas, de armas espirituales, y al adaptar la religión de su amo, también adaptó su lenguaje, y es aquí donde empieza lo que sería nuestra tradición poética. Comenzaba un nuevo modo de nombrar las cosas.[14]

La tradición poética del Caribe está compuesta entonces por una tradición oral africana mezclada con la herencia religiosa imperial a través de sus cánticos cristianos, ritmo fundido con la música e imaginación creadora tribal; sus dialectos mixturados con el inglés, francés o español se aglutinan paulatinamente para conformar la lengua criolla (creole) que finalmente adapta y usa el alfabeto oficial para llevarlo al papel (como el patois francés, o el blues).

El sujeto lírico de Walcott es tributario de esta mixtura; se dilucida a propósito de las disyuntivas de quién es el individuo caribeño mediante sus diálogos con todos los personajes antes descritos. Alix, la madre del poeta genera en el hablante sentimientos de tristeza profunda por su muerte; al resistir este sufrimiento emergen discordancias con la forma de abordar la poesía, visita sus escondrijos oscuros cuidando de no quedarse en ellos para siempre ya que a la muerte le sigue la vida, esto es, los ciclos de la naturaleza rotando sin pausa “and here at first is the astonishment: that earth rejoices / in the middle of our agony, earth that will have her / for good: wind shines white stones and the shallows’ voices”[15] (1997: 14). Es decir, la vida continúa; aunque el tormento de perder a alguien nos vuelva locos, la tierra se siente feliz “My mother lies / near the white beach stones, […] yet the bounty returns each daybreak, to my surprise, / to my surprise and betrayal, yes, both at once”[16] (1997: 4). Por tanto, el hablante elige una voz que no sea elegíaca; es una alegoría de la muerte de Alix pero también representa a todos quienes conformaron el territorio caribeño a lo largo de su historia. Se compenetra con la multiplicidad de conceptos y ritmos que conforman la exuberancia de expresiones en el enunciado y cultura caribeños pero toma distancia de ese sello colonial que doblegó a los pueblos de las Antillas, haciendo reflotar la memoria “we have no solace but utterance, hence this wild cry.”[17] (1997: 9).

Simultáneamente, los personajes John Clare y Tom actúan como el álter ego del hablante de Walcott al ser voces que convergen en la proximidad y compenetración con la naturaleza; los sentimientos de encanto y regocijo que ellos expresan hacia los animales y vegetación es la misma que el hablante utiliza para referirse a la flora, fauna y parajes del Caribe, siempre unidos a las ideas de amanecer, luz y abundancia. Los personajes coinciden también en el lenguaje como exponentes ejemplificadores de la literatura canónica y que el hablante lírico usa como base de su escritura, obedeciendo así al arquetipo que legó Claire, el dialecto, y a la genialidad de Shakespeare simbolizada en Tom; recoge de este, de Tom, la capacidad de reinvención del ser humano para sobrevivir a la adversidad y lo inserta en el escenario caribeño para superar la condición colonial del antillano. Hace emerger entonces la memoria dándole voz a quienes fueron esclavos, explotados y dominados para resarcir la condición del postergado a través de la abundancia y exquisitez semántica; es la fusión de la lengua imperial, la oralidad tribal, los himnos religiosos y la tonalidad de la naturaleza: “The blades of the oleander were rattling like green knives, / the palms of the breadfruit shrugged, and a hissing ghost / recoiled in the casuarinas - they are as alien as olives – the bougainvillea’s lips divided, its mouth aghast…”[18] (1997: 32). El sujeto lírico en “The Bounty” subvierte, pues, la sucesión colonial rehaciendo al individuo caribeño a través de Tom, sujeto postergado, invisible, sobreviviente y espejo del pescador y campesino, que son los habitantes del Caribe real, ese resultado de una mezcla abundante de razas, acontecimientos y culturas asentadas en una geografía exuberante de naturaleza. A esta misma idea alude Walcott en su discurso al recibir el premio Nobel.

Detrás de la ciudad está el Caroni Plain, con sus aldeas, sus banderas de oración hindúes, y los puestos de los vendedores de fruta a lo largo de la avenida, sobre la que los ibis sagrados pasan como flotantes banderas. ¡Pobreza fotogénica! ¡Tristeza de tarjeta postal! No ostento recrear el Edén; cuando digo “Las Antillas”, me refiero a la realidad de la luz, del trabajo, de la supervivencia. A una casa en la orilla del camino campestre, al mar Caribe, cuyo olor es el de una posibilidad tanto refrescante como superviviente […] Esa es entonces la poesía visible de las Antillas: la sobrevivencia.[19]

En definitiva, esta suma de variantes plasmadas en “The Bounty” conforman un sujeto lírico centrado en  una voz multidimensional que acentúa la abundancia de luz como sinónimo de la vida, lo cotidiano y el hoy para no ser superado por palabras recluidas en acontecimientos sombríos de la historia. La aspiración del poeta es descubrir al individuo caribeño actual, ese que día a día recorre las islas, el que se ha reinventado a lo largo de la historia; es el trabajador, la madre, el abuelo, el escritor. Walcott nos convoca a leer el peso y caudal de los acontecimientos a través de un lenguaje también reinventado, pero con la fineza y sutileza de una lírica colmada de asombro, reclamo y exuberante regocijo. En esta poesía Derek Walcott amalgama la historia y la memoria, fusiona el lenguaje, aúna las emociones, se deleita con el entorno caribeño, se vale de la naturaleza para subvertir la muerte y nos recuerda que la vida humana también es un ciclo, con una herencia histórica como nuestra primera equivocada pero de la cual somos lo que somos hoy, no solo en el Caribe sino como paradigma universal: “because there is no other path for its wheel to take…”[20] (Walcott, 1997:5).

 

 

BIBLIOGRAFÍA

-  DeLoughrey, Elízabeth. Postcolonial Ecologies. Literatures of the Environment. Oxford University Press. New York, 2011.

-  Patke, Rajeev S. Postcolonial Poetry in English. Oxford University Press. New York, 2006.

-  Poetry foundation. http://www.poetryfoundation.org/bio/derek-walcott [19-01-16]

-  Revista de Poesía Clave. http://www.revistadepoesiaclave.com/no%204/derek%20walcott%20las%20antillas.htm [05-07-14]

-  Walcott, Derek. The Bounty.  Farrar, Straus and Giroux. New York, 1997

-  _________________.  "La musa de la historia", Fractal n° 14, julio-septiembre, 1999, año 4, volumen IV, pp. 33-66. Trad. del inglés: Sergio Negrete Salinas. “The muse of history”, en What the twilight says. Essays, Nueva York, 1998, pp. 36-64.

-  _________________. La Abundancia. Trad. de Vicente Forés y Jenaro Talens. VISOR. Madrid, 2001.

 

 

 



[1] La primera parte del título es una afirmación de Derek Walcott, tomada de su discurso con motivo de la recepción del premio Nobel de Literatura en 1992.

[2] Walcott’s plays generally treat aspects of the West Indian experience, often dealing with the socio-political and epistemological implications of post-colonialism and drawing upon various forms such as the fable, allegory, folk and morality play.   (http://www.poetryfoundation.org/bio/derek-walcott) [19-01-16]

[3] Traducción propia.

[5] “…escribir sobre la abundancia de luz en las cosas familiares…” (Todas las traducciones me pertenecen, a menos que esté explícitamente señalado).

[6] “…la dicha de John Clare,/ Tom perturbado, desorientado, acariciador de armiños en su campo/ de juncos y de grillos, jugueteando con el aire frío y húmedo,/ atando sus botas con cáñamo, encaminando escarabajos brillosos/ con los empellones más tiernos, caballero del san juan,/ envuelto en la niebla del condado, /sus palmas como cuernos de caracol/ abriéndose al estanque profundo -aunque estén sus tobillos encadenados al hierro,/ aun así su alma está más a salvo que las nuestras.”

[7] “aunque estén sus tobillos encadenados al hierro, aun así su alma está más a salvo que las nuestras”. Existe la traducción de Talens y Forés: “pero con el alma más a salvo / que las nuestras, aunque férreas corrientes traban sus tobillos.”

[8] “…la dicha de John Clare…”

[9] “Así como Tom dio su última comida a los pájaros temblorosos, /así como Clare alabó a estos delgados músicos entre juncos y estanques helados, / dejen a las hormigas guiarme nuevamente con sus largas líneas de palabras…”

[10] “Allí, en la playa, en el desierto, se encuentra el pozo oscuro / adonde se bajó la rosa de mi vida, cerca de las plantas sacudidas, / junto al estanque de frescas lágrimas, teñidas por la campana de / oro […] / mientras observo crecer estas líneas y el arte poético me endurece / frente a una tristeza tan medida como ésta / para dibujar / la figura velada de Mamá entrando en la elegía estándar. / No, hay dolor, siempre lo habrá, pero no debe enloquecer, / como Clare, que lloró la pérdida de un escarabajo, por el peso del mundo en una gota de rocío sobre Clemátide o arveja, / y en el fuego de estas líneas de yesca secas de este poema que odio… ” (Trad. Talens y Forés)

[11] “como a ti, loco Tom, la hilera de hormigas me conmueve; / contemplo su laboriosidad y son gigantes.”(Trad. Talens y Forés)

[12] “…así que, John Clare, perdóname…”

[13] “… ¿Lo sabes tú, Mamá? / ¿Sabes leerlo o escucharlo? Si yo tomara el púlpito, lego predicador / como el tierno Clare, como el pobre Tom, así que mira, ¡Miss! / las hormigas llegan como niños a ti, su amada maestra / Alix...” (Trad. Talens y Forés)

[14] Walcott, Derek.  "La musa de la historia", Fractal n° 14, julio-septiembre, 1999, año 4, volumen IV, pp. 33-66. Se trabajó con la versión PDF sin paginación.

[15] “Y aquí a primera vista aparece el asombro: la tierra se regocija / en medio de nuestra agonía / la tierra que la recibirá / la tierra que la poseerá / para siempre: el viento ilumina piedras blancas y voces de los bajíos”.

[16] “Mi madre yace / cerca de las blancas piedras de la playa, […] sin embargo la abundancia regresa cada amanecer para mi sorpresa / para mi sorpresa y traición / sí, ambas a la vez.”

[17] “…no tenemos consuelo pero sí afirmación, por lo que este grito salvaje.”

[18] Las briznas de la adelfa tintineaban como verdes cuchillos, / las palmas del árbol del pan se encogían, y un fantasma siseante / se parapetó en las casuarinas – son tan foráneas como las olivas - los labios de la buganvilia se dividían, su boca horrorizada…”

[20] “Porque no hay otro camino para que su rueda pase…”





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